20.2.21

Boda entre infieles

 



El día de la boda se notó entre los invitados las diferencias sociales y de ambiente entre ambas familias. Los Porras mayoritariamente son extrovertidos, charlatanes, vociferantes, descuidados en su apariencia lucen una elegancia desgastada cuidadosamente buscada, ropa de marca con tendencia a lucir con una talla más amplia y sin planchar. Una forma estudiada para aparentar que mantienen intactos sus orígenes humildes de obreros que sacaron adelante sus familias con mucho trabajo, solidaridad, apoyo ente ellos y mucho sentido común. Estiraban la vida de su ropa y calzado esmerándose en su conservación, insistieron a sus hijos por el camino del estudio en la esperanza que les abriera a un futuro con una vida menos dura que la de sus padres. Emigraron desde provincias periféricas donde abrirse camino es mucho más complicado por la falta de oportunidades y el dominio de la economía que disfrutan unos pocos limitando las opciones del resto ajeno a su círculo cercano. Los Macas presos de la imagen, todos impolutos en sus trajes y vestidos de diseño italiano, color negro predominante, gafas de sol y olor a perfume caro. Evitan bailar para no arrugar su imagen, hablan en susurros y te juzgan con la mirada. De tradición dirigente, durante generaciones siempre han vivido cerca del poder y las influencias. Consejeros, directivos y dirigentes de las principales empresas del país. Sus negocios siempre salen triunfantes gracias a sus relaciones personales.

Pedro Maca y Pablo Porras unieron sus vidas en una ceremonia en apariencia austera. Se excedieron en el número de invitados para darse importancia, repitieron costumbres criticadas por ellos de las familias dirigentes y aristocráticas, el exceso. 486 personas acudieron a la celebración del enlace, la fiesta más grande de las que se recuerdan en el salón de bodas contratado a las afueras de la capital. 

Pedro, cuida los detalles, le gusta salir bien en las fotos, trabajar lo que se dice trabajar, poco, su principal mérito es avanzar en la vida sin sudar ni romper nada, su habilidad es aprovechar el trabajo ajeno, apropiarse de las ideas y ponerle su cara guapa haciendo creer a todos que es un genio. Huye de los problemas y jamás se compromete con nadie y mucho menos para salvarle de sus dificultades no vayan a salpicarle. Seguramente pasará a la historia como un dirigente que nunca se equivocó de acción, si le juzgaran por la inacción su sentencia sería demoledora por mucha habilidad para disimular y desviar la atención que demuestre. Un observador externo de un país vecino le define como la única persona que es capaz de excusarse en causas externas y salir indemne solo porque tiene una bonita cara y dura, muy dura. Pedro es guapo, cuida su imagen hasta el punto de teñirse o desteñirse las canas en función del mensaje que quiere transmitir. Se le ha visto maquillarse ojeras para dar la impresión que se desvive por los demás y trabaja más que nadie. Sus discursos memorizados le convierten en un busto parlante, se limita a repetir los que le dicta su reducido grupo de consejeros que le preparan lo que decir y hacer en cada momento. Un perfecto equipo de marketing. Le falta espontaneidad, siempre habla con dos días de retraso cuando aparecen los problemas y si hay datos positivos no duda en apropiarse de ellos e incluso hacerse la foto. Un perfecto maniquí dirigido desde la sombra por mentes preparadas para sacar provecho de la imagen, hablar sin decir nada y ganar por aburrimiento aprovechando despistes o fallos de sus rivales. No le pidas planes reales de crecimiento, ni capacidad de convencimiento entre sus iguales. Se siente cómodo en el mundo de las medias verdades, de la sonrisa a la cámara y repitiendo consignas vacías con cara afectada. Transmite con la disimulada pasión de un telepredicador, siempre diciendo a los demás lo que supone que quieren escuchar, utilizando bonitas palabras y sobre todo decir lo que se debe hacer. Él nunca dará ejemplo por hacer solo por decir. Culpabiliza a los demás de los fallos, los problemas son siempre por errores de otros, él nunca se equivoca, será porque nunca hace nada. Tiene patente de corso por su cara bonita y su discurso taimado, hasta que se le gaste el encanto. Algún día será desenmascarado. Pedro es el aceite flotante. Por su naturaleza aprovechada y alejada del esfuerzo, es infiel a todo, a las ideas, a los conflictos, al esfuerzo, a las relaciones. Solo existe un ser en su universo, él mismo. Solo él.

Pablo Porras lleno de contradicciones programáticas, de discurso fácil lleno de consignas grandilocuentes en un intento de llenar de argumentos sus proclamas llenas de falsas promesas de igualdad, lucha de clases, revolución, derechos a cambio de nada, agenda social y eslóganes de culto entre los desfavorecidos. Seguidor de la cultura soviética dirigente, haz lo que quieras, vístelo como quieras, rodéate de fieles sumisos y aprópiate de los lujos y beneficios de los ricos manteniendo la apariencia de seguir siendo pobre. El perfecto ejemplo comunista del lo mío es mío y lo tuyo es nuestro. Critica a los ricos por serlo, a las empresas por ganar dinero y por emplear a trabajadores, proclama el derecho a vivir subvencionado sin esfuerzo ni trabajo, incita a la revolución porque en el lío gana. Cuanto peor estén las cosas, mejor le van las cosas a Pablo. Un mundo lleno de lucha, desigualdad y marginalidad solo por elevarle a él al púlpito de los elegidos, proclamar discursos vacíos de razón aliñados con citas históricamente creídas por los suyos igual que los versículos de los textos sagrados se admiten como única razón válida para los creyentes menos críticos con la supuesta única verdad. Infiel como Pedro, muy pagado de sí mismo, su imagen personal es desaliñada a propósito, feo, encorvado con mucha labia, tanta que es capaz de seducir a los más cercanos. En su vida se ha aupado sucesivamente en diferentes parejas a las que ha abandonado sin miramientos una vez que había logrado sus servicios. Le utilizan los ambiciosos de poder sin responsabilidad, los que gustan de disfrutar de beneficios solo al alcance de unos pocos sin tener que pagar por ellos. Se rodea de una cohorte de bien alimentados sin escrúpulos, en manada tienen fuerza, por separado no mantienen una conversación inteligente pues patinan por su componente ideológico que empapa su razón sin convencer a su intelecto. Robots vacíos que repiten consignas y aspirar a vivir igual o mejor que a los que critican por envidia. Desean lo que ven sin valorar el esfuerzo y la dedicación que necesitaron hasta conseguir su posición. 

Durante los últimos tres años, Pablo y Pedro han definido a la perfección lo que es una relación sin confianza mutua, sin intereses comunes y donde solo les une la ambición de poder y de fastidiar al contrario. Construyen una unión para ir a la contra más que una alianza con un plan de mejora y crecimiento. Dos personas egocéntricas, narcisistas, infieles y con tendencia a mentir y tergiversar la realidad para amoldarla a sus intereses. Su relación se ha caracterizado por la intermitencia, épocas de unión y compañerismo seguidas de épocas de luchas internas, alejamiento e infidelidad. 

Tras muchas dudas, decidieron unir sus destinos. Las primeras entregas de su trabajo en común son poco esperanzadoras, la economía con la mayor caída conocida en tiempos de paz y comparando mucho peor que la de los vecinos, tasas de desempleo con datos cada vez más preocupantes, deuda pública en máximos históricos, problemas territoriales permanentes que no saben solucionar porque se relacionan con aprovechados y mentirosos como ellos con intereses opuestos, sin liderazgo para evitar equivocarse en la lucha contra la pandemia, errando por omisión. Pero ya sabemos que la culpa la tienen los españoles por salir a la calle, Europa por tardar en enviar vacunas, las Comunidades por no tomar decisiones. La culpa es de los otros, siempre de los otros.

Estos días, de nuevo, están de morros ente ellos. El guapo se esconde para que no le pregunten y solo se atreve a salir del castillo para visitar a amigos en Extremadura y el feo también se oculta después de haber tirado la piedra no vaya a ser que alguien le recuerde que la actuación de él y sus amigos recuerda mucho a la irresponsabilidad de un recién descabalgado dirigente mundial que jugando a movilizar las protestas le terminaron por alcanzarle. 

¿Cuándo hacen más mal? ¿Cuando están juntos o cuando se separan? Son infieles y como a todos los infieles, cuando les pillan, lo niegan hasta generar duda en el contrario. Ellos no han sido. La culpa es de los otros. Se volverán a unir para continuar con su camino de destrucción arrasando el futuro de todos por su inacción.

En democracia, gobiernan los más votados. Tenemos lo que nos merecemos como sociedad. Los culpables, sin duda, son ellos. Y por un momento les voy a dar la razón utilizando uno de sus argumentos, sí, los responsables no son ellos: somos nosotros por elegirles a ellos. 

Que se divorcien, nos irá mejor a todos. Quiero volver a votar no me gusta lo que están haciendo. El problema que veo es que no hay dónde elegir, los de enfrente no son mejores. España elige entre infieles y mediocres. ¡Qué plan!

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