27.7.21

Que no te veas en esta situación

 



Que no te encuentres en esta situación, no te lo deseo.

 

Cada funcionario realiza el desempeño de su trabajo siguiendo las instrucciones recibidas, sin incorporar funciones no encomendadas. A su vez, cada Organismo diseña el desarrollo de su actividad con un número interminable de normas e instrucciones a seguir por sus trabajadores.

El usuario que es contribuyente y sufridor a partes iguales tiene la obligación de adaptarse a la norma aunque sea desconocida para alguien ajeno al Organismo.

En la época del covid y post-covid los Organismos del Estado con la excusa de evitar el contagio han optado por limitar al extremo la cita presencial eliminando casi por completo el servicio público en persona, derivando al contribuyente al canal internet. 

Navegar y ser capaz de encontrar justo lo que necesita el contribuyente en las webs oficiales es un ejercicio de obstáculos ideal para entrenar la paciencia infinita.

El contribuyente, que no olvidemos es el que paga, se convierte en usuario y en diana en caso de que se equivoque. Recordemos que con la ausencia de atención personal por la pandemia cada contribuyente debe informarse, formarse y decidir por su cuenta sin asesoramiento. No recomiendo utilizar el avatar presente para ayudar al usuario porque pocas veces acierta en su búsqueda de soluciones.

El otro día, esperando en la calle mientras el vigilante jurado nos daba acceso en estricto orden de hora de cita, alimentaba mi curiosidad hablando con uno de los vigilantes mientras comprobaba si mi cita era correcta porque no les constaba aunque yo presentaba el correo electrónico y el sms con la concertación de la misma. Le pregunté por el número de usuarios atendidos cada día y su comparación con dos años antes. – Más o menos atienden a un treinta por ciento de los que venían antes de la pandemia – me dijo.

 

- ¿Y el número de funcionarios también se ha reducido? Vuelvo a preguntar

- No, son los mismos

- Luego trabajan un 70% menos que antes…

 

La conversación se interrumpe cuando el supervisor autoriza que pase al interior del edificio y me dirija al mostrador que me darán una cita nueva para esa mañana porque no saben qué es lo que ha pasado.

 

Esto no deja de ser anecdótico, una persona cercana me cuenta su experiencia con la Seguridad Social, incluso me enseña todos sus papeles. El caso típico de deshumanización de las Instituciones, donde la norma es más importante que la persona.

 

Este es un ejemplo para que analice el Ministro de Seguridad Social y determine qué parte debe mejorar del sistema, si es que hay que mejorar algo. Cabe la posibilidad que la culpa sea del ciudadano y no sería la primera vez ¿no?

 

Contribuyente que pide cita por correo electrónico dirigido a la oficina del barrio porque en la web no se puede pedir en el enlace de cita previa. Otra de las cosas de covid. Acude a su cita que es para darse de alta como autónomo por primera vez en su vida, hasta su reciente ERE siempre ha trabajado por cuenta ajena. La funcionaria le explica que el alta la debe realizar por la web, el contribuyente trata de hacerse entender que no domina ni la terminología ni los impresos que ya le ocurrió lo mismo en la AEAT.

La funcionaria consulta el alta en AEAT del contribuyente y le indica que hay un error. – Debe anular y volver a solicitar el alta, como se trata de una baja del censo un día posterior al alta y una petición de una nueva alta, no habrá problema-


Mal pronóstico, ahí empezaron los problemas, esa tarde tras el cambio en el censo de AEAT mi amigo se da de alta en la TGSS como autónomo en su ramo y le confirman por SMS su efectividad. Todo perfecto. Al mes siguiente le cobran la cuota de autónomo con bonificación, parece que todo está correcto y mi amigo inicia un negocio desde cero con muchos gastos y pocos ingresos. Todos le recomendamos que no fuera tan legal y esperara unos meses tras comprobar cómo le iba para cumplir con Hacienda y la Seguridad Social. Mi amigo es de los que las leyes se cumplen y si hay que cotizar, se hace, para eso el Estado bonifica a los nuevos autónomos.


Tres meses después revisando los movimientos de la cuenta bancaria, se encuentra que la han quitado la bonificación en la cotización. Empezar pagando 59,99 es asumible para un negocio que no despega, saltar a 286,15 euros es un problema. 


Mi amigo, de buen corazón, piense que debe ser un error de la TGSS y escribe de nuevo al correo electrónico de su oficina de atención porque en la web no encuentra explicación alguna. Al día siguiente, le contestan por correo, escrito solo en mayúsculas una película sorprendente que con el paso del tiempo se convertirá en una de terror. 

 

Presuntamente le citaron por un correo certificado que nunca llegó. El resto de comunicaciones iniciadas desde la TGSS sí que le llegan por correo electrónico y accediendo a la web con firma digital, esa comunicación curiosamente no llegó nunca. En el mismo correo le informa de que la TGSS publicó en el BOE la citación. En el servicio de notificaciones el BOE no aparece ninguna notificación de la TGSS a nombre de mi amigo, solo una antigua multa de tráfico del año 2015 en un municipio cercano a Madrid. En ese correo con mayúsculas le aclaran que la fecha de alta en el censo de autónomos en AEAT y en la SS no coinciden. Recuerde amigo lector la modificación que tuvo que realizar por un día de error. Esa disparidad de fechas supone perder la bonificación. Todo esto sin poder mi amigo explicarse.


Le ayudamos a preparar un recurso de amparo ante la TGSS que en este momento de la incidencia se otorga el papel de juez y parte, reservándose un plazo de tres meses para contestar. En el recurso de amparo adjunta toda la documentación, el alta errónea, su baja, el alto correcta, un certificado de la AEAT reflejando el alta y baja, copia de los correos y demás documentación pertinente.


No pasan tres semanas y mientras mi amigo espera con paciencia lo que él considera que será una rectificación de la TGSS porque está perfectamente demostrado que fue un error sin intención con el agravante de que no hubo comunicación alguna fehaciente de la TGSS hacia él; recibe una comunicación por correo electrónico, esta vez sí le llega. Para cobrar bien que se ocupan de que lleguen las comunicaciones. Le comunican una sanción de siete euros que por no discutir los paga para recibir la semana siguiente una propuesta sanción por los días que declaró el alta que fue dada de baja al día siguiente, con recargo.


Mi amigo, fiel a su costumbre de buen ciudadano intenta ponerse en contacto con el teléfono que viene en el documento de sanción y tras ocho intentos. OCHO vuelve a escribir al correo electrónico de su oficina de atención. A esta alturas ya lo tiene guardado en su agenda de contactos.


La respuesta no puede ser más cómica, le informan que le sancionan porque hay dos altas en AEAT y mientras no se subsane, la TGSS cobra los periodos. Mi amigo le vuelve a enviar el certificado de la AEAT donde se demuestra que eso no es cierto, recordando que ya lo ha aportado a la TGSS en varias ocasiones.

 

Siguiendo sus instrucciones de ayuda que recibe, aporta como documentación el certificado de la AEAT de nuevo en la página web junto con una carta solicitando que se trate ese error administrativo involuntario.

 

Al día siguiente, la puntilla, La Seguridad Social informa a mi amigo que le presenta recibo al cobro por todos los meses pasados desde su alta por el importe bonificado que ahora no tiene derecho. 

 

En total 1356 euros que debe pagar un nuevo autónomo que aún no ha conseguido beneficios por su actividad en los meses que lleva cotizando como autónomo.

 

Enhorabuena Sr. Ministro, su sistema ha conseguido llevar a la desesperación a un buen hombre, honrado y cumplidor. Atenderá esa deuda y cerrará el negocio. Prefiere mendigar un trabajo de mierda antes de que le quite la ilusión por levantar algo nuevo y además quebrado por la acción de la propia Administración.


En resumen en menos de dos semanas, entre el recibo inflado, las sanciones y el recibo del mes sin bonificación; mi amigo debe pagar a la Seguridad Social el equivalente a las ventas de todo el trimestre. No merece la pena. Gracias sistema, gracias Seguridad Social, gracias Sr. Ministro.

 

¿Qué habría pasado si un funcionario de esos que ahora dedican solo un treinta por ciento de su tiempo a atender al contribuyente hubiera llamado por teléfono a mi amigo pidiéndole todas las explicaciones necesarias?¿Habrían solucionado el presunto problema?¿Habríamos eliminado trabajo a Recaudación ejecutiva?

 

Siempre nos enseñaron que hablando se entiende la gente, la TGSS, por lo que parece, elige el camino del litigio y la apisonadora antes mi amigo. Aunque finalmente le den la razón a mi amigo en su recurso de amparo y en las sucesivas reclamaciones presentadas, que la tiene, ya será tarde. Un autónomo menos Sr. Ministro, un potencial creador de empleo menos.

 

Triste y real. Esta es la España oficial que vive gracias al esfuerzo de muchos como mi amigo que no pueden mantenerse.

 

Ha perdido la ilusión por emprender, se la han quitado. Buen trabajo, perder cotizantes es la principal labor del funcionario que se escuda en las normas para deshumanizar el trato con el ciudadano.

 

 

20.7.21

Un regalo repetido

 


Ovidio a sus ochenta y nueve años contempla la vida desde el rincón del prestado, ha ido perdiendo a sus amigos del alma de uno en uno. La soledad, su compañera más fiel a la que ha llegado a acostumbrarse, no le pesa, le acompaña sin dolor. Ha aprendido a acostumbrarse a las despedidas.
La lista la inauguró Elena, su mujer, su compañera del alma. Se fue muy pronto, a los sesenta y uno. Un cáncer maldito, dio la cara muy tarde, demasiado tarde. Meses después se fue Enrique, su hermano pequeño, en un accidente de moto. Dichosos vehículos donde vas expuesto a cada momento. Sus amigos Pablo, Esteban, Luis, uno tras otro. Cada vez quedan menos con los que compartir momentos de alegrías y lloros por los mejores tiempos pasados.
Dos años atrás, sus hijos le convencieron para ingresar en una residencia muy moderna, con todos los cuidados y actividades diarias. Accedió por no escucharles mucho y solo porque está muy céntrica, en su mismo barrio de siempre, le viene cómodo y le permite salir de paseo cada mañana por sus calles conocidas.
En la residencia ha conocido a Ana, una mujer muy agradable, elegante y de mirada limpia. Viuda desde hace muchos años, evita el color negro, dice que no le beneficia al color de sus ojos, verde esmeralda, muy vivos. El pasado fin de semana, estuvieron charlando casi toda la tarde mientras los más ágiles preferían desafiar al traumatólogo bailando sin parar. Hacia más de veinte años, desde que se fue mi Elena, que no había estado a solas con una mujer. Le gustó, de nuevas. 
Desde entonces, nota la mirada de Ana persiguiéndole a cada rato. Recuerda sensaciones vividas en el pasado y que no había contemplado recuperar, ligar a su edad, hasta hace unos días era una ficción. Hoy se siente más vivo que nunca. Alguna hormona le queda.
Ana es delgada, muy cuidada, sin pliegues en su piel, la mantiene tersa a pesar de su edad. Su temblor de manos revela su edad. Ovidio se sonríe al recordar un antiguo chiste sobre la preferencia de la población masculina de una residencia de ancianos por la vieja del párkinson con mano temblorosa que elegían los ancianos para apoyar sus adormecidos miembros buscando movimientos excitantes. 
La televisión nos recuerda que falta un mes para Navidad, cientos de anuncios encadenados de colonias, perfumes, juguetes y móviles. Tantos anuncios que llegas a olvidar la película de antena 3. "Volvemos en siete minutos", "volvemos en seis minutos". 
- ¿Qué me vas a regalar por Navidad? le pregunta Ana con mirada pícara.
- ¿Por Navidad?, nada. Si acaso quizá mis hijos me regalen cosas útiles que ya tengo, por Reyes.
- Entonces, ¿Qué me vas a regalar por Reyes?
Ovidio huye del conflicto, no quiere dañar a Ana. El no regala, no cree en los Reyes magos.
- Podemos organizar el amigo fantasma en la residencia. Ana con su alegría, ilumina su mirada.
La mira sin contestar. No le apetece nada el plan. Decide levantarse para dar su paseo diario. Necesita salir de este ambiente, le oprime.
Por la calle, todo recuerda la Navidad. Las luces fijadas a lo largo de la calle, que se iluminarán al anochecer. Publicidad de perfumes y lencería en las paradas del autobús, escaparates engalanados con estrellas, nieve y algún que otro espumillón. Odia la Navidad. A ver si pasa rápido.
- Ovi, escucha a su espalda. No le habían llamada así desde su Elena. Suena a familiar, a cercano.
Se gira y ve a Ana acercándose con ritmo decidido, sonríe.
- ¿Puedo acompañarte en tu paseo? se afianza en su brazo buscando apoyo y cercanía. Obliga a Ovidio a acompasar el ritmo a su andar más lento.
Se dirigen hacia el Estadio Bernabéu, que está de obras otra vez. La envidia de otro viudo con gafas que no puede admitir que el Atleti tiene el mejor y más moderno campo de fútbol de la capital. 
- Conozco una heladería muy buena cerca de aquí, te invito.
- Se me va quitar el hambre.
- Tampoco que vas a perder nada. Estos helados te van a gustar.
- ¿Qué quieres que te regale por Reyes?
- No me gustan los regalos, no creo en los Reyes.
- Pues me gustaría regalarte algo para que te acuerdes de mi.
- Si acabamos de conocernos. No me voy a olvidar estoy bien de memoria.
- No te acuerdas ¿verdad?
- ¿De qué me tengo que acordar?
- 1945 día de Reyes, en la cabalgata.
Ovidio entrecierra sus ojos, algo le viene. Una travesura de niños, escondidos tras la valla de los andamios que fijaban la fachada de un edificio que no había sido restaurado tras la guerra. Pablo, Esteban y él tonteaban retando a tres chicas con trenzas, de unos doce o trece años. Una de ellas le robó un beso en los labios, precipitado, seco y muy breve. Lo había olvidado.
- ¿Eras tú? Lo acabo de recordar. ¿Por qué me besaste?
- Fue mi regalo de Reyes. Me dijiste que no tenías regalo que tu madre no tenía dinero. Me diste lástima.
- ¿Y este año qué me vas a regalar? Ovidio lanza la caña.
- Nada, tú no crees en los Reyes. Y le besa, esta vez mejor, poniéndose de puntillas.