5.5.21

Crónica taurina



 

El alguacil observa el tendido lleno a rebosar. La expectación es máxima, en los medios la han bautizado como la corrida del siglo, el festejo del año en el que muchos confían poder recordar durante toda la vida. Las localidades de sol, las más económicas y bullangueras dan un ambiente más humano y pasional al coso. El calor afortunadamente no aprieta, es una tarde de primavera de esas que anuncian la proximidad del verano por la luz y las pocas nubes, la potencia del sol se matiza gracias a una pequeña brisa del norte que acerca la cercana Sierra al tendido. 

Sol y moscas, decía la frase taurina para definir el festejo. Las siete en punto, el alguacil solicita permiso a la autoridad para abrir formalmente la plaza a los diestros, tres cuadrillas de los más famosos toreros en la brega. Atletas, actores y mediáticos, les siguen un ejército de aficionados enamorados de su arte a la hora de torear.

En el paseillo lucen sus mejores capas de paseo. El maestro de mayor antigüedad, consciente de su responsabilidad recorre los 61,5 metros de diámetro del coso con la cabeza gacha acompasando su rezo a cada paso en el desfile. Los nervios van por dentro, se respetan, es un empleo ingrato, luchas por un aplauso jugándote la vida en cada momento. Varias cicatrices adornan sus muslos, recuerdos de batallas perdidas ante astados que le voltearon y que gracias a las manos hábiles de los cirujanos, pudieron arrebatárselo a la muerte. Los días húmedos que anuncian lluvia, sus cicatrices le recuerdan la fragilidad de la vida humana.

Tarde de expectación, tarde de desilusión. El dicho casi siempre se cumple. Escasos detalles para el recuerdo, una tarde sin gracia. Desde el primer lance todos los aficionados lamentan la falta de embiste de los toros. 

Queda el último y mientras anuncian su peso en el cartelón, el desánimo cunde en los tendidos. El sol se ha ocultado, aliviando un tanto la temperatura de los más animosos que también se han ido enfriando.

Salta el sexto de la tarde, negro, bragado, bizco de pitones y cuatreño, lo consideran como un insulto para la categoría y la historia de esta plaza. Los del 7 sacan a pasear sus pañuelos verdes. Se quejan sonoramente del tamaño del animal. Pequeño para esta plaza. El presidente no detecta ninguna anomalía que le permita devolverlo a corrales, además está deseando que termine el festejo tedioso y falto de emoción. La faena continua con la música de silbidos y protestas de fondo. Con el paso de los minutos van rebajando en intensidad, volumen y número de quejicas hasta que se apagan las críticas.

Los primeros compases en la capa certifican que el animal es un marrajo, solo arremete cuando lo ve claro y con malicia buscando al hombre.

El primer puyazo marra y el toro aprende que ahí puede doler, ha notado cómo la puya entraba en su lomo, retrasada y superficial, tanto que el ojal no llega ni a sangrar. Se resiste a entrar al caballo de nuevas y solo lo hace cuando se ve acorralado con el caballo impidiéndole ver la salida. Un recurso tramposo y eficaz gracias a la habilidad del picador con la monta. Esta vez mueve mejor la garrocha y marca de manera conveniente el lomo del astado.

Al sentir la puya, “Mentira”, que así bautizaron al toro, rebrinca encontrando alivio hacia las tablas del tendido de enfrente. 

Con la corrida finalizada, los maestros conversan brevemente justo antes de su salida ordenada de la plaza. Los matadores, Rojillo de la O (CCOO), Encuadri (ACB) y Céjate que va (CGT) están desconcertados, esperaban algo de juego por parte de la ganadería, han movido los capotes ante animales que no admiten faena. Ni las banderillas ni los puyazos han despertado a los animales. Sienten como si las puyas y los palos se los hubieran clavado a ellos mismos, se quedan sin oportunidades de hacer faena, mañana tienen otra oportunidad en la misma plaza. 

Están cansados e intuyen que los toros de mañana serán morlacos y astifinos. Con los que te juegas la vida de verdad.

El resultado del festejo condicionará el aforo para los próximos festejos, las expectativas están en perder un cuarto del aforo. Sin aficionados, no hay fiesta. Sin empleados, no hay empresa. En esta feria el ganadero es el que gana. Los aficionados temen la subida del precio de las localidades, sus admirados toreros no dan la talla y se temen lo peor. 

Alguno se ve ya en plazas de tercera a dos horas de distancia acudiendo a festejos de menor nivel, plazas donde se regalan las orejas y se para a merendar tras el tercer toro.

Otros no volverán a los toros, jamás pisarán una plaza. 

No pinta bien la feria del empleo.


_________Diccionario de términos taurinos empleados_______________________

Alguacil - Jinete vestido de alguacil del siglo XVII, que representa la autoridad en el ruedo

Maestro - Matador de toros

Bragado - Toro con la cara interior de los muslos de color diferente al resto del cuerpo

Bizco - Toro con un cuerno más alto que el otro

Cuatreño - Animal de cuatro años de edad

Marrajo . Toro que maliciosamente arremete a golpe seguro. Animal peligroso y difícil de engañar

Puyazo - Acción de picar al toro hincando la puya en su lomo

Puya - Punta de acero de la vara o garrocha del picador

Ojal - Herida superficial producida por la puya sin que provoque hemorragia

Rebrincar - Embestida del toro dando saltos o brincos

Capote - Capa para la lidia también llamada "de brega", suele ser de colores vivos y forro amarillo

Morlaco - Toro de gran tamaño

Astifino - Toro con astas finas



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