9.5.21

Juntos y revueltos

 





Miguel arrastra su pierna derecha al andar, recuerdo diario de su operación para implantarle una prótesis en la rodilla. No terminó bien y mucha culpa tiene él por no haberse tomado en serio la rehabilitación. Cascarrabias y perezoso, la edad acentúa sus defectos. 

A su ritmo se dirige como todos los domingos a comprar churros, porras y sus periódicos. Él es muy de churros, Maruja de porras, desde su juventud el criterio de selección de su mujer siempre ha sido el tamaño - Por eso te elegí a ti - le repetía pícaramente continuamente. - La muy puta, tuvo donde comparar - pensaba Miguel para sus adentros. Se quedó con ella, le gustaba su apariencia, era la única que le aguantaba y además la sintonía que componían entre las sábanas tenía buenos acordes.

Los años suman y también pesan, superaron las bodas de oro tres meses atrás, sin celebraciones ni convite, no le apetecía a Miguel organizar ningún evento festivo. Los últimos ocho años comparten piso y conversaciones banales esporádicas. La vida ya no es compartida. Miguel no se aguanta ni él, todo le viene mal, la temperatura del café, el pan correoso, si se agota su aceite arbequina para el desayuno le agría el carácter para el día completo, las arrugas en la cama, el vecino que ronca, los políticos que son todos unos mentirosos y sobre todo, Maruja que siempre está en medio molestando.

Es de los pocos románticos de la prensa escrita, compra cada mañana el periódico en papel, los domingos elige varios y regresa cargado de suplementos dominicales. El País, El Mundo, ABC y el As. Lo primero que lee son las secciones deportivas buscando la última hora de su Atletico de Madrid. En el As,  dos o tres hojas, el resto del periódico pertenece a la caverna de Florentino y lo obvia, suele estamparlo contra el cubo del papel, siempre se lamenta por haberlo comprado. Después, ya con su tercer churro en la boca salta a la política nacional que es cuando se enciende para toda la mañana. Le gusta leer en voz alta las noticias y comentarlas con todo lujo de detalles. Maruja decide abandonar la cocina y dejarle solo con sus disertaciones. Ella ama el silencio, la paz, el orden y gusta de respetar a los demás, nunca reprochó a Miguel su ideología extrema sectaria y excluyente; le aceptó como es. Hace ocho años discutieron fuertemente, tanto, que fue el origen de su distanciamiento. Por entonces, el partido político preferido de Maruja estaba salpicado de sospechas por corrupción y Miguel se pasaba el día prejuzgando desde su punto de vista a todos, sin importarle no tener pruebas, cualquier opinión extrema la hacía propia al instante, así, sin reflexión alguna. Maruja le recriminó su postura - Tú y los tuyos os consideráis los propietarios de la decencia, la democracia y el progreso, os habéis inventado una vara de medir moralidad y todo el que no piense o acate vuestro pensamiento queréis eliminarlo. Se os llena la boca contra los dictadores y los únicos que actuáis así sois vosotros- Para hablar poco, ese día Maruja se quedó a gusto y es que estaba muy harta. Todo cansa.

¿Me estás llamando totalitario? Te ordeno que lo retires inmediatamente 

- ¿Me ordenas? No me hagas reír. No te estoy llamando totalitario, intento hacer ver que con tus opiniones y comportamientos te conviertes en un sectario poco demócrata, justo lo opuesto a lo que dices que eres.

Sus miradas terminaron la discusión, ese día Maruja no estaba por la labor de arrastrarse por el bien de la convivencia. - Que entienda lo que se siente escuchando la verdad - pensó. Desde entonces ocho años de frío polar. Se terminó el dormir pegados como lapas, el toqueteo picantón, las excursiones por el centro para tapear e ir al cine. El cine con lo que le gusta a Maruja el cine.

En ocasiones las personas con posturas enfrentadas disputan y luchan entre sí sin ánimo por encontrar un acuerdo ni alcanzar la paz, esto ocurre cuando una de las partes necesita a la otra para existir. Sin opuesto no hay vida. Miguel necesita a Maruja, le encanta provocarla para terminar discutiendo, le entretiene.

Maruja inteligente, moral y previsora, emplea la razón y la firmeza de la voluntad contra Miguel que es torpe, terco y rencoroso. En ocasiones, también lo combate y señala con punzantes dardos de sátira.

Desgraciadamente la sátira solo es percibida por los inteligentes, siendo el torpe ajeno a su real significado pues se despista con detalles de la trama.

Estos ciegos de inteligencia consideran que sus conceptos morales son superiores a los de los demás, dedican su tiempo a perseguir y criticar a todo y a todos los que no piensan como ellos sin pararse a valorar qué virtudes han demostrado ellos mismos para considerarse en esa posición privilegiada en la escala moral. Escala que también se han inventado.

La semana pasada, Miguel cayó en la cuenta de un comentario satírico realizado por su mujer dos días atrás. Tomándose un anís en el bar mientras desgastaban los naipes jugando al mus con los de siempre, su amigo y pareja de juego, Adolfo, el más letrado de la pandilla, le explicó el significado real de la expresión de Maruja. Se sintió molesto al comprobar, de nuevo, cómo Maruja se mofaba de su ignorancia, dejándole como un estúpido delante de sus amigos. Las carcajadas de los amigos del mus le herían como dardos de hielo, se refugió en el anís hasta recuperar su apariencia, salvó la situación con una risa a coro que relajó el ambiente cambiando el tema de conversación. 

Cariño, bajo a dar un paseo y a comprar algo de fruta. Maruja sigue empleando la palabra cariño para referirse a Miguel, la costumbre de toda una vida. Después de más de cincuenta años no piensa plantearse cómo llamarle ahora.

Maruja baja sin muchas prisas, con su tranquilidad habitual. En la acera se encuentra con su amiga Consuelo y ambas acompasan sus pisadas para avanzar juntas de camino a la frutería de Abdul, un chico muy simpático que tiene al vecindario femenino revolucionado gracias a sus modales exquisitos y a su mirada bicolor, verde y marrón, un ojo de cada color.

Miguel, una vez solo, deja de opinar sobre las noticias. Al final del diario, en la sección de servicios, además de la información meteorológica, están los números de la suerte, Loterías y la ONCE. Busca en su bolsillo la cartera para extraer su boleto de su apuesta a La Primitiva. Un solo acertante de primera categoría tiene un premio de cinco millones y medio de euros. Uno a uno, comprueba los números de su apuesta, pleno. Le ha tocado la lotería. Repasa la apuesta con los otros periódicos, coinciden los números, le ha tocado - Somos ricos - piensa. Abre la puerta de la terraza del salón y se asoma gritando

Maruja, Maruja

Consuelo señala con el codo a su amiga para que mire hacia arriba 

¿Qué quieres? - Dice en voz baja moviendo los brazos sorprendida

Nos han tocado cinco millones en la lotería - Grita Miguel con todas sus fuerzas

¿Qué dices? - Maruja está un poco dura de oído, además no entiende tanto alboroto, seguro que puede esperar hasta que ella regrese a casa. Para diez minutos que tiene de tranquilidad...

Dice que os ha tocado la lotería - Le explica Consuelo

Maruja mira hacia arriba y ve a su marido con un papelito en la mano aleteando como loco. Ahora sí le escucha 

Cinco millones

Maruja arranca a correr, ella siempre tan medida y prudente, baja de la acera a buen paso entre dos furgonetas aparcadas, al acceder a la calzada aparece de repente, el conductor del autobús no tiene tiempo para reaccionar y se lleva a la mujer por delante.

- Si es que cuando uno está de suerte ... - Piensa Miguel.



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