10.6.21

Acceso a la universidad

 


                                                                                                            Dedicado a Carlos

Esta noche ha sido peor que las tres anteriores, los nervios se han apoderado de mí y no he podido dormir más de tres horas. Tres días de exámenes envueltos en un entorno de nervios hinchados por la responsabilidad. Tanto la voluntad como la subconsciencia me han sido arrebatadas y vivo en un estado de letargo intelectual desde el pasado mes de septiembre, justo cuando iniciamos el último curso de Bachillerato. 

Nos jugamos mucho en esta prueba de acceso a la universidad, tanto como la posibilidad de estudiar lo que deseo o tener que conformarme con algo parecido. Tengo la mala costumbre de sobrecargarme de responsabilidad en cada hito de mi vida y en esta ocasión con mayor motivo. Llevo estudiado desde el pasado mes de septiembre como no había hecho nunca antes, muchas horas y sacrificio para entender alguna de las asignaturas obligatorias que están alejadas de mis habilidades naturales. He aprendido a estudiar en función de las preferencias narrativas de cada profesor, algo agotador para los de mi edad que tenemos muy desarrollada una conciencia pragmática predominante y no llegamos a comprender qué de bueno nos llevamos por memorizar conceptos que  nunca más en nuestras vidas necesitaremos. 

El Bachillerato lo superé y con buenas notas, incluso en la asignatura que más me hacía bola conseguí buenas calificaciones, por encima de mi natural racanería auto valorativa. ¿Será cierto eso que me dicen que los demás me ven mejor de lo que me veo yo a mí mismo?

La EVAU o selectividad como la llama mi padre, es una prueba donde es más importante el dominio de los nervios que poner a prueba los conocimientos. El  temario nos lo sabemos de tanto repetirlo durante estos meses, bueno de aquella manera, porque en nuestros círculos de toma de decisiones decidimos jugar a estudiarnos determinados temas, descartando el resto. Hace calor y estamos ya un poco hartos de clavar los codos. 

Hoy termino los tres días de exámenes, los tres días de sufrimiento. Bien, regular, muy bien, bien, mal y muy bien. Esa son las conclusiones a las que he llegado, veremos al final qué nota consigo y si me da para elegir los estudios de mis sueños.

Hoy empiezo mis vacaciones, las más largas de la vida. En una semana tendré los resultados y gestionaré el acceso a la universidad. Mi deseo era estudiar en una universidad privada y preferentemente en inglés para abrir más mis posibilidades de futuro compartiendo estudios con compañeros socialmente mejor relacionados. Finalmente voy  a la pública y masificada universidad, como fueron mis padres y no les ha ido nada mal, espero que mi futuro sea tan bueno como su presente.

Me voy de fiesta con mis amigos, mucho que celebrar y sobre todo mucha necesidad de desfogarnos y olvidar tanta tensión acumulada durante meses. Oigo en la radio que han movilizado más de doscientos policías en Madrid para evitar botellones con la excusa de la pandemia. ¿No tienen otra cosa que hacer los políticos que tratarnos a los jóvenes como presuntos delincuentes? Nada malo vamos a hacer, déjennos tranquilos con nuestra necesidad de contacto humano, con nuestra natural naturaleza despreocupada y con nuestra juventud. Dediquen esfuerzos a hacer algo productivo en vez de pelearse a diario entre ustedes, improvisar y rectificar a cada rato. Si no son capaces ni de definir qué vacuna y cuándo la inocularán a los futbolistas. Menos mal que no voy a estudiar para ser político. 

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